viernes, 17 de junio de 2011

Lo que damos, regresa.

Su nombre era Fleming y era un pobre agricultor inglés.
Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano.
Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano.
Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando, tratando de liberarse del lodo.
El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.
Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor inglés.
Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a sí mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.
Yo quiero recompensarlo, dijo el noble inglés. Usted salvó la vida de mi hijo.
No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice, respondió el agricultor inglés, rechazando la oferta.
En ese momento, el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia.
-¿Es ese su hijo? preguntó el noble inglés.
-Sí -, respondió el agricultor lleno de orgullo.
-Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si él es parecido a su padre, crecerá hasta convertirse en un hombre del cuál usted estará muy orgulloso.
El agricultor aceptó.
Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó en la Escuela de Medicina del St. Mary' s Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.
Algunos años después, el hijo del noble inglés cayó enfermo de pulmonía.
¿Que lo salvó? La Penicilina.
¿El nombre del noble inglés? Randolph Churchill.
¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill.

Alguien dijo una vez: Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos.

De E.Barrios

Es imposible vivir la vida, sin una filosofía.

Cuando un niño tiene la experiencia de la pérdida física de una persona que ama, le suele preguntar a sus padres dónde está esa persona que ahora ya no existe.

Sin duda es una de las preguntas más difíciles que puede hacer un niño, ya que puede haber tantas respuestas como personas hay en este mundo. Porque es cierto que cada ser humano tiene su propia filosofía de la vida porque sólo cree lo que desea.

Un niño necesita saber lo que verdaderamente su padre piensa sobre qué es la vida para él y lo que imagina o cree que significa la muerte.

Si su verdad es que no lo sabe y no desea imaginar nada, puede hacerlo, porque los niños aman la verdad y porque no necesariamente pensarán igual.

Un niño tiene en si mismo la verdad y buscará quedarse con la versión que más se le parezca.

Otros preferirán no escuchar su voz interior y se quedarán con las verdades de la tradición, que es lo mismo, aunque siempre es mejor creer por convicción que por tradición.